Arica y los costos de servir a dos tratados

  • Ninguna otra ciudad de Chile posee  tantos enclaves pactados tras la Guerra del Pacífico con Perú y Bolivia. Mantenerlos vigentes tiene un costo alto para el desarrollo urbano y la vida cotidiana de los habitantes de esta ciudad.

Llegar a tiempo de lunes a viernes a quienes viven en el sector norte y trabajan en el centro, es un suplicio por la congestión vehicular de la costanera. Además del exceso de vehículos particulares comprados bajo el régimen de zona franca, Arica suma en sus vías del sector norte, a los temidos camiones bolivianos que gozan de carga con libre tránsito y colapsan la avenida Chile.

Ese es un costo visible de que esta ciudad ve limitado su desarrollo urbano y su vida cotidiana, porque existen compromisos de los tratados de 1904 con Bolivia y de 1929 con Perú que limitan su desarrollo o frenan su crecimiento.

El alcalde Gerardo Espíndola así lo reconoce. Es más, dice que el centralismo “invisibiliza estos costos y prefiere sacrificar a nuestra gente, exponiéndola a contaminación que generan los camioneros bolivianos en su trayecto y en su ingreso al Puerto”.

Decidido a enfrentar este problema, el jefe comunal estableció una alianza con la alcaldesa de Putre, Maricel Gutiérrez, ya que esa comuna andina sufre con el tránsito de camiones bolivianos por la Ruta Internacional 11 Ch por volcamientos y derrames de cargas peligrosas, atropellos de animales silvestres y domésticos, arrojo de basura por los propios choferes bolivianos y la mala conducta vial que –aseguran- tienen ellos.

“Veremos una asistencia técnica de la Subsecretaría de Desarrollo Regional (Subdere) para que nos apoye en la solución de estos conflictos ambientales que vemos a diario y afectan nuestro patrimonio. El municipio de Putre ha debido retirar dos camiones volcados en el lago Chungará, usando su presupuesto, y nosotros no tenemos recursos para sacar otros tantos abandonados en el tramo de la ruta que corresponde a nuestra comuna”, indica Espíndola.

Preocupa a ambos jefes comunales  el daño ecológico que causa a diario este tránsito de carga pesada por el borde del Lago Chungará, ecosistema inserto en el Parque Nacional Lauca.  Esta área silvestre protegida está altamente estresada e impactada por el libre tránsito de la carga boliviana, condición que pone en jaque el valor y cuidado de este ícono turístico de la región ante el mundo.

El alcalde también recoge las quejas de los vecinos que viven próximos a los estanques Sica-Sica, donde opera el oleoducto pactado para que funcione al servicio de Bolivia . “Allí los camioneros que transportan diésel para ese país, ocupan una pista y se suben a las veredas y las dañan. Nadie responde por eso. ¿Por qué permanecer indiferentes sólo porque Chile pactó con Bolivia ofrecer este terreno para el oleoducto que cruza nuestra ciudad?”, expresa.

El terreno de YPFB

Quien también desde que fue intendente el 2008 ha levantado la voz sobre los costos de servir a dos tratados, es el actual diputado Luis Rocafull. Su mirada se ha dirigido al terreno baldío ubicado entre Diego Portales y Alejandro Azolas, que en virtud del Tratado de 1904 con Bolivia, fue entregado por Chile en 1958 en concesión a Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

Rocafull inició el 2014 una campaña para pedir la restitución de ese terreno al Estado de Chile, propiciando un canje por otro fuera de la ciudad. “Ese sitio no tiene uso, sólo hay una precaria casa de un guardia y un estanque si n uso y muy deteriorado. Este terreno debería tener un uso distinto acorde con el desarrollo urbano de Arica, ya que está en pleno centro”, afirmó.

Bolivia no ha accedido a esta petición y seguro no se allanará ya que las relaciones bilaterales hoy están distantes por la demanda que interpuso en la Corte de La Haya, para lograr el acceso al mar. Sólo YPFB extraoficialmente ha respondido que no puede entregar el predio, porque está destinado a una eventual emergencia como piscina para acumular el petróleo que transporta el oleoducto que atraviesa  la ciudad y pasa subterráneamente frente a esa propiedad.

Pese a esa versión, un informe del año 2016 de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), señala que el sitio y sus instalaciones están en desuso. Los antecedentes a la vista dicen que hace 20 años que esa infraestructura no presenta movimiento.

Líneas férreas

Otro costo visible de los tratados son las dos líneas férreas que parten en dos la ciudad. La del Ferrocarril Tacna-Arica que tiene dos salidas diarias, hoy atraviesa una zona de nuevos condominios para clase media próximos a las playas Chinchorro y Las Machas. Los remece a diarios con su andar y pitazos. Y la segunda es la del Ferrocarril de Arica a La Paz que desde el 2005, luego de la quiebra de su último concesionario, no tiene carros accediendo con carga al Puerto.

Ambos tendidos afectan el desarrollo urbano y cualquier obra que se proyecte hacia el mar, porque están muy próximas al borde costero. Estas líneas, sin duda, complican la continuidad de los paseos costeros que el Plan Especial de Desarrollo de Zonas Extremas (PEDZE) del Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet, dejó el litoral sur de Arica. De hecho hoy sólo está para licitación el diseño para el balneario Chinchorro y nada en la zona intermedia costera.

Un hecho que demuestra que complican el desarrollo urbano, es que al evaluar su impacto, el Ministerio de Obras Públicas (MOP) las identificó como inconvenientes para la opción de construir el Terminal Pesquero en el sector denominado “Casa del Soldado”, frente al edificio “Arica City Center”.

Pese a ello, hoy la Empresa Portuaria Arica se ha planteado algo audaz, para minimizar la congestión vehicular que provocan los 500 camiones bolivianos que recibe a diario el terminal marítimo. Su idea es construir una vía exclusiva para el transporte pesado,  considerando la pavimentación de la trocha boliviana actualmente en desuso y que ingresa al recinto.

Este proyecto es valorado por el diputado Nino Baltolu, quien es partidario de que “si tenemos costos por los tratados, los tenemos que asumir de manera amistosa y buscar las soluciones posibles. La de un nuevo acceso al Puerto es una buena forma, pensando en la ciudad y en que este terminal fue construido para un millón de toneladas y ahora moviliza 3 millones de toneladas. Trasladar el Puerto a otro sitio es de largo aliento, por eso hay que buscar soluciones prácticas”.

El congresista reconoce que Arica ve afectado su desarrollo con los dos tratados bilaterales, pero el Estado chileno debe proveer algunas soluciones para que estos no sean una carga pesada para la ciudad.

 “En el anterior Gobierno del Presidente Piñera, se realizó un plan de descontaminación de toda la vía férrea boliviana hasta la frontera. Así hay que proceder para que los efectos se mitiguen y no terminen perjudicando a la población”, expuso.

Predio ”El Chinchorro”

Después de la pavimentación de unos escasos metros de acera contigua al predio “El Chinchorro” del Fisco peruano, que encabezó épicamente el alcalde Iván Paredes, nunca más este sitio cercado y baldío, ha tenido tal notoriedad.

Paredes catapultó su reelección con este episodio del 2 de enero de 1996, avalado secretamente por el canciller de ese entonces y hoy senador por la región, José Miguel Insulza.

Desde Tacna para ese sitio de 126 mil metros cuadrados, ubicada una parte al costado de la estación Copec en el acceso norte de la ciudad y otra en una punta de diamante justo al frente, ha habido varias propuestas. Primero destinarlo a un centro cultural, luego a un centro comercial y finalmente una que fue anunciada por el Gobierno el año pasado. A través del Decreto N° 020 del Ministerio de Relaciones Exteriores de Perú se dispuso la construcción del Consulado General en ese sitio.

Algunas fuentes indican que este planteamiento lo hizo Perú con una intención no develada: poner presión a Chile para que abandone la casa patrimonial que tiene cedida en comodato para el funcionamiento del Consulado General en Tacna.

Y cada cierto tiempo el tema sale a flote en medios de comunicación peruanos. Chile aún no se inmuta, porque además tampoco puede comprar un inmueble en esa ciudad para su sede consular, dado que por el artículo 71 de la Constitución Política de ese país, el mismo que frenó la instalación de malls con capitales foráneos, ningún extranjero puede adquirir inmuebles en los 50 kilómetros próximos a la frontera.

Hasta hoy el Gobierno peruano no ha dispuesto los recursos para construir la sede consular. Y la señal más clara es que cambió su domicilio a la Casa Yanulaque, ubicada en la intersección de las calles General Lagos y 18 de septiembre. Ese inmueble fue remodelado por el Estado peruano y allí se habilitaron oficinas para el Consulado.

El sitio, que no tiene ninguna vinculación con acuerdos por el Tratado de 1929, está partido en dos por la Panamericana Norte. El abandono incomoda a sus vecinos. Alrededor de él ya se han erigido nuevos condominios con edificios de departamentos, que demandan un mejor entorno. Claramente un sitio eriazo aunque cercado, no ayuda a la plusvalía del sector.

Vivir en Arica tiene sus particularidades. Sólo esta región limita con dos países y ha heredado los asuntos pendientes de la Guerra del Pacífico. El lema de “Arica Siempre Arica”, ese que alude a los problemas eternos o a la ciudad de las cosas insólitas, debe revertirse.

Ni Perú, ni Bolivia tolerarían puntos negros como hoy ocurre con esos sitios baldíos o con la alteración de su vialidad urbana y rural por concesiones postguerra a Chile. El desafío: resolver de manera amistosa, pero contundente estos enclaves que incomodan y que impulsan equivocadamente a la población local a mirar con desprecio a peruanos y bolivianos.