El tesoro milenario oculto en el valle de Cachicoca

Esta región de Chile, Arica y Parinacota, posee tesoros escondidos
impresionantes, que esperan pacientes por el visitante inquieto.
Tesoros ocultos pero todavía generosos, cargados de historia, entre
medio de paisajes irreales, a ratos, que encantan por su
majestuosidad.
Es el caso del sector de Cachicoca, ubicado a tres horas de camino
siguiendo el curso del río Codpa, ese que busca el océano, desde la
cordillera, saliendo desde el poblado del mismo nombre.
A este apasionante trekking o caminata, se entregó un grupo de
vecinos de Codpa, preocupados por sus raíces ancestrales, hijos e
hijas, algunos, de aquellos que vieron el esplendor del vino de
Cachicoca hace casi un siglo ya.
Allí estaban también, miembros del Comité de Rescate Patrimonial, de
la comunidad indígena de Codpa, de la comunidad Espíritu Santo, el
padre Amador Soto, conocedor de los frutos de la tierra de Codpa,
Cristian Heinsen, de la Fundación Altiplano, como uno de los ‘profes’
de la llamada ‘Escuela del Vino’ y Francisco Rivera, encargado de
Patrimonio de la Municipalidad de Camarones, entre otros.
Y el recorrido fue esplendoroso.
El desierto seco de Atacama, el más seco del mundo, se mostraba en
todo su esplendor, con todas sus variantes de colores, ofreciendo

caminos troperos difíciles de apreciar, que podían engañar a
cualquiera. Pero no a Ulises Alvarado.

“Un vaso para que no aflojen”
“Estar aquí, haciendo de nuevo este camino escondido, es una forma
de rescatar todo esto, todo lo que se vivió alguna vez, la bonanza que
existió, tantos recuerdos, el mejor vino de todo este sector…y eso me
llena de orgullo. Un vaso de vino, para que no aflojen las piernas”,
comentaba en medio desierto este tropero mayor, con una rica botella
de Pintatani entre sus manos, hecho por el mismo, que ofrecía
generoso, para animar a los caminantes.
Después de tres horas de camino, un valle hermoso se mostró ante
todos entre las arenas de Camarones.
Eran bosques vírgenes, con todo tipo de flora nativa, un oasis de
verdor que algún día produjo las mejores parras de toda la zona.
“Este era un lugar ancestral de distribución o almacenamiento de hojas
de coca, de ahí su nombre (Cachic
oca) y se está trabajando con el alcalde Iván Martín Romero Menacho
para implementar un proyecto de resguardo y protección”, explicaba
Rivera.
La casa eterna
Al bajar, sobre la colina que vigilaba el valle perdido, una casa noble,
de hechura ingeniosa, con bases de piedra, en base a adobe, con
ventanas pequeñas, que soportó estoica, por casi cien años, los más
grandes temblores de esta zona, sísmica por excelencia.
“Aquí veníamos cuando pequeñas, de vacaciones, era un paraíso. Es
emocionante reecontrarse con paisajes que forman parte de la historia
de muchos de nosotros”, señalaba Lucía Maldonado Caqueo, que con

su hermana, Mafalda, hicieron este viaje entretenido, hacia los
recuerdos más íntimos de su infancia.
En la bodega olvidada, junto al río de agua abundante y algunos
camarones, habían 13 vasijas, cántaros de casi dos metros de alto,
con una capacidad para 500 litros cada uno, con la fecha impresa de
1860. Esto indicaba que hace más de 100 años, este sector tenía la
capacidad de todo lo que hoy produce el valle de Codpa, más de 6 mil
litros del mejor vino de toda la región.

Para los expertos, las cepas de uva aquí tienen 300 años de
antigüedad y los caminos troperos que llegan desde el norte, desde el
Sur, desde Esquiña, incluso desde Perú, hablan de la importancia de
este sector, como un centro de abastecimiento que en algún momento
del tiempo, rivalizó con los más grandes del continente.
El trabajo es y será siempre la unidad, trabajar unidos, como una
comunidad pujante, que es en lo que todos concuerdan, para rescatar
este patrimonio impresionante. En especial, para las tres familias
dueñas del lugar; los Yucra, los García y los Caqueo.
Un paseo imperdible, que está ahí, listo y dispuesto, para todos, en la
turística comuna de Camarones.