Reunión Trump- Kim Jong- un: Trump supera a Trump

Sin duda, al hablar de la pasada reunión de los mandatarios de Estados Unidos de América, Donald Trump y de la República Democrática de Corea (Corea del Norte), Kim Jong- un, realizada el 12 de junio de 2018, en Singapur, nos estamos refiriendo al principal hito de la política exterior a nivel global. A pesar de la sistemática y obsesa interpretación contraria a Donald Trump, difundida – principalmente- por medios estadounidenses ligados al establishment político de Washington.

Lamentablemente, de acuerdo a lo que se ha apreciado en muchos medios de prensa estadounidense, está claro que existe una diferencia desproporcionada en cómo eran tratadas las acciones del ex Presidente Barak Obama durante su gobierno, versus lo que hace Trump. Está claro que podemos criticar muchas cosas de Trump, pero hay que decir que si esta reunión con el líder coreano la hubiese llevado a cabo Obama, éste ya habría sido, al menos, beatificado y postulado a todos los premios de la paz existentes.

La reunión del 12 de junio pasado, estuvo precedida de una ceremonia de saludo, estrictamente cronometrada, en la cual ambos caminaron desde sus esquinas respectivas, para encontrarse al mismo tiempo, frente a un fondo de doce banderas correctamente ordenadas y alternadas, entre estadounidenses y norcoreanas. La coreografía funcionó perfectamente, a pesar que, en el apretón de manos inicial, más allá de las caras de agrado y cordialidad, fiel a su estilo, Trump se las arregló para tratar de implantar su actitud de controlador de la situación, con palmaditas en la espalda a su interlocutor e indicándole el camino al lugar del encuentro, ignorante al hecho que fue Kim Jong- un quien propuso y presionó por el encuentro bilateral, y que fue él (Trump) quien accedió (dando su brazo a torcer). La actitud del mandatario norcoreano fue tranquila y contemplativa. En todo momento se mostró muy seguro y atento a entregar la cara más amable y ponderada de su régimen; presentándose como un interlocutor serio ante el despliegue de “control” de Trump, quien – sin duda- quiso aparecer como el padre que le habla a un hijo díscolo e intenta arreglar las cosas “por las buenas” de una vez por todas.

En todo caso, está claro que más allá de las coreografías protocolares y las palabras de buena crianza, al final de cuentas se podría decir que da un poco lo mismo el resultado de la reunión, porque el hito global fue sin duda, el encuentro en sí mismo, por tratarse de la histórica primera reunión desde el fin de la guerra de Corea en 1953, entre los mandatarios en funciones de los Estados Unidos y de Corea del Norte, donde se juntan a conversar de sus relaciones bilaterales, conscientes ambos de la responsabilidad y alcance que éstas tienen para todos.

A pesar de lo anterior, más allá de éste indiscutible logro, de todas maneras, muchos medios de prensa estadounidense criticaron a Trump, ignorando olímpicamente que él logró lo que ningún otro inquilino de la Casa Blanca había logrado. Porque hay que ser realistas y reconocer que lo logrado por Trump con ésta reunion, ni siquiera lo pudieron hacer Obama con todo su encanto (charming) o Clinton con su manejo político. A través del “ninguneo” editorial a Trump nos podemos percatar que el establishment comunicacional del país del norte, siempre preferirá a aquellos que llevan a flor de boca el discurso políticamente correcto y se ajustan a los esquemas de la elite político- cultural y periodística de EE.UU, características que no tiene, ni está cercano a tener el Presidente Donald Trump.

La minimización mediática de Trump, ha ido más allá y se ha llegado a negar la utilidad futura de la reunión, ignorando el hecho principal que es, que ésta sirvió para distender las relaciones bilaterales y que es el punto de partida para un nuevo trato entre Washington y Pyongyang.

En cuanto a los acuerdos, se destacan los siguientes hechos:

Que Corea del Norte acepta desnuclearizarse;
Que EE.UU. no realizará más ejercicios militares con Corea del Sur (que lo único que hacían era exacerbar los ánimos), lo cual no significa que desaparezca la presencia militar estadounidense,
y que las sanciones económicas siguen el pie, mientras no se vean avances en el proceso de desnuclearización.

Es efectivo que los acuerdos mencionados no son ideales, pero se debe aceptar que la sola celebración de la reunión deja en claro el nuevo ambiente que existiría entre EE.UU. y Corea del Norte, trasladándose ese clima al planeta entero bajándose las tensiones, al menos, en esta área del mundo, en especial después de haber estado – supuestamente- al borde de una guerra nuclear, con amenazas que iban y venían. Ha de esperarse que el desarrollo de este nuevo trato, se vea en prontos y concretos avances. Por el momento, con toda propiedad, se puede decir que la diplomacia tradicional con su anticuada forma de negociar sin límites de tiempo, dilatando y dilatando los conflictos y que había resultado estéril con Pyongyang, fue superada ampliamente por un Donald Trump a quien el establishment comunicacional y el progresismo estadounidense, no han dudado en llamar “monstruo ignorante”.

Siguiendo el ambiente futbolero, podemos decir que con toda claridad, Trump le ha ganado el primer partido 1 x 0 al “Establishment políticamente correcto”. Esperemos que esta “nueva diplomacia” inaugurada por Trump y sus modos anti políticamente correctos, pueda aplicarse pronto, por ejemplo, en el Medio Oriente en el conflicto Palestino- Israelí, o con Irán…¿se imaginan que resulta y distiende definitivamente las acciones y logra acuerdos concretos y sustentables?

Diego Rivera López

Ex Diplomático

18 junio, 2018