Arica Nacional Opinion

ASESINATO DE CAMILO CATRILLANCA: ¿QUÉ NOS IMPIDE PARLAMENTAR?

Diego Rivera López

Licenciado en Geografía UC

21 de diciembre de 2018

Hoy en la mañana recién pude ver el último video del asesinato de Camilo Catrillanca que está colgado en Youtube. Les prometo que mientras el video iba rodando ante mí, las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. La impotencia y la rabia me sobrepasaron, ver como un hombre es asesinado porque sí, porque alguien quiso, porque a alguien se le ocurrió. Si, mi impotencia me sobrepasa, no quiero ni siquiera imaginarme lo que deben sentir los padres de Camilo, su esposa, el resto de su familia, sus amigos, sus vecinos. Que sentirán al ver como su ser querido es asesinado impunemente y maltratado aun estando herido de muerte…Que frialdad, que desgraciados aquellos que lo hicieron. En esos precisos momentos de crudeza de las imágenes de lo sucedido, es cuando queremos pensar y rogamos, para que en esos momentos Camilo, ya no sintiera nada y no fuera testigo – ni siquiera auditivo- de la desgracia y las canalladas que estaban sucediendo a su alrededor.

Yo no puedo sentir más que admiración por la valentía, la entereza y la buena educación de los padres, de la esposa, y de los amigos y compañeros de Camilo. Porque al ver cómo han afrontado todo esto, y de cómo, a pesar de todo el daño y desprecio que el Estado de Chile les ha hecho, siguen creyendo en la justicia chilena.

Como dije en anteriores entregas, yo aun no entiendo como los políticos chilenos, que en su gran mayoría pertenecen a una fronda bien educada – tanto en Chile como en el extranjero- y con supuestos ideales conciliadores, liberales y de igualdad social, han sido capaces de llevar el tema en la Araucanía hasta estos límites. A los límites de andar matando gente a mansalva, como si se tratara de una cacería furtiva, que nos pone a la altura de las barbaridades cometidas por los belgas en el Congo o los estadounidenses en contra de los nativo americanos (entre muchas otras brutalidades cometidas por el hombre a los largo de su historia). 

¿Quienes somos nosotros para andar matando gente? ¿Quienes somo nosotros para andar quitando tierras? ¿Por qué el pueblo mapuche tiene que seguir los mismos patrones de desarrollo que la sociedad chilena impone? O mejor dicho que la dictadura, y los Chicago Boys y los Concertación Boys nos impusieron. ¿Por qué si el Imperio Español, que ha sido uno de los imperios globales más grandes que ha tenido la humanidad, fue capaz de reconocer de igual a igual la nación Mapuche, nosotros no podemos hacer lo mismo? ¿Sabemos que quieren en la Araucanía? No sabemos nada, porque no nos interesa, porque a la fronda política nunca le ha interesado, ni ayer ni hoy.

Ante el asesinato de Camilo Catrillanca, realmente ha sido vergonzosa la pequeñez de nuestra fronda política, quienes con total desparpajo ahora rasgan vestiduras, hablan de derechos humanos, hablan de refundar Carabineros y piden responsabilidades políticas a mansalva. Pero ninguno de ellos se ha detenido a pensar en que han hechos ellos para evitar que un hombre sea asesinado sin ninguna razón por fuerzas del Estado o que se siga humillando y vejando a la nación Mapuche, y a los pueblos originarios en general. ¿Qué hizo en sus 2 gobiernos la actual Alta Representante de Naciones Unidas para los Derechos Humanos por mejorar la situación en la Araucanía? ¿Qué hicieron nuestros ancestros por mejorar la convivencia? Hablo de hecho concretos y no soluciones asistencialistas, o eternos estudios y diagnósticos de lo obvio, o fuerzas represivas que crean más y más odio (que se traspasa de generación en generación).

El ideal sería solicitar a la nación Mapuche y a los pueblos originarios que elijan o nombren o designen a sus representantes, y se pueda así llevar a cabo una gran convención – un gran parlamento- con el gobierno del Estado de Chile. Al estilo del Imperio Español, porque si ellos que gobernaban al 50% del mundo a partir de 1492, fueron capaces de hacerlo, porque nosotros no. Escuchar, escuchar, escuchar y escuchar, esa debe ser la consigna. Porque alguien se debe hacer responsable de los abusos que históricamente, desde nuestra Independencia, se vienen desarrollando. Esa es la gran tarea que el Presidente Sebastián Piñera tiene por delante y creo que, tal y cual como al Presidente Patricio Aylwin le tocó liderar una transición desde una dictadura a una democracia, este gobierno debería hacerse cargo – en nombre de Chile y su historia- de los más de 200 años sin “parlamentar” que existen entre mapuches y chilenos, y retomar los parlamentos que tanta paz y progreso mutuo le trajeron a nuestro territorio durante la colonia.

Quizá la gran Violeta nunca imaginó que sus letras, hechas hace más de 50 años, tendrían tanta vigencia hoy, porque de hecho, el día de hoy podemos decir con justa razón que “Arauco tiene una pena. Que no la puedo callar. Son injusticias de siglos. Que todos ven aplicar, Nadie le ha puesto remedio. Pudiendolo remediar. Levántate huenchullán…”.

Finalmente, quisiera repetir mi más profunda admiración por la valentía y coraje de los Catrillanca, de sus padres, de su esposa, de sus amigos y familiares, y de la nación Mapuche. Todo esto lo digo con el más ferviente deseo que – muy luego- las letras de la Violeta Parra no serán más que recuerdo – y lecciones- de un pasado que no querremos repetir.