Nacional Opinion

Caso Catrillanca: urgentemente debemos volver a parlamentar, debemos volver a respetarnos, debemos volver a confiar…

Por: Diego Rivera López, Licenciado en Geografía UC

 

Sin duda lo ocurrido con Camilo Catrillanca ha sido brutal, desde todo punto de vista. Al igual que lo fue la detención y maltrato dado al menor de 15 años, que acompañaba a Camilo en el tractor, en el cual se desplazaba, al momento del tiroteo que protagonizó Carabineros, y a quienes nadie ha podido sindicar como participantes de los hechos, sino que, por el contrario, ha quedado claro que han sido las víctimas de la situación.

 

“La verdad” siempre ha sido la principal herramienta de la justicia, y a su vez, es parte de una ecuación muy especial, que no admite más que una versión, y que tarde o temprano ve la luz.

 

Y esta ecuación de “la verdad” siempre ha mostrado su efectividad, y prueba de ello, es la transformación que han ido teniendo las versiones iniciales de los hechos entregadas por Carabineros de Chile, y las últimas verdades que se han sabido al respecto. Las que comenzaron demonizando a la víctima, hasta otras donde se reconoce el borrado de las grabaciones de la escena del crimen, las renuncias, y las dadas de baja inmediata de altos oficiales y funcionarios de la institución.

Lamentablemente, la muerte de Camilo y el maltrato dado al menor de 15 años, vienen a sumarse a otros errores de la institución, como el desfalco por casi 30 mil millones de pesos o la recontratación de ex altos oficiales jubilados, no hacen otra cosa que aumentar la imagen de que las Fuerzas Armadas y las policías, se han mandado solas, y que ese ha sido un problema del cual los gobiernos democráticos desde 1990, no se han hecho cargo, ya sea por la imposibilidad política de realizarlos o, simplemente, la costumbre de dejar todo como está, el conocido status quo, como lo dijo el Senador José Miguel Insulza, en una entrevista en Radio Pauta 100.5 ayer lunes 19 de noviembre.

 

Hay que estar consciente que las confianzas que se necesitan para tener unas relaciones entre el Estado de Chile y los Mapuches, se deben trabajar, porque no se desarrollan confianzas llegando desde afuera, imponiendo soluciones y diciéndoles a los Mapuches, “…vamos a hacer un plan especial para ustedes, para que ustedes pasen a tener todas estas cosas que son buenas…”, sin que nadie les haya preguntado a ellos su opinión sobre la oferta de “cosas buenas” o si éstas les interesan o si son consideradas “buenas” por ellos mismos.

Porque no nos ponemos realmente de acuerdo con los Mapuches, entre todos, en cómo quieren vivir, en conocer de primera mano qué es lo que los Mapuches quieran o lo que los Pueblos Originarios quieren. Hay que preguntarles a ellos si quieren ser asimilados a la nación chilena y saber quienes quieren ser asimilados, y quienes quieren mantener condiciones de vida distintas a la que les entrega la nación chilena. Debiendo tener la madurez como Estado, para entregarles  grados importantes de autonomía, para los que así lo quieran. Y esto se entendería, por ejemplo, en cupos reservados en el Congreso (proporcionalmente, podrían representar entre el 8% y el 10% % del parlamento), y/o la confección de un registro electoral de pueblos originarios, para que se elijan entre ellos y para ellos, y no dependan de cupos que se entreguen los partidos políticos; establecer conversaciones permanentes, como lo hizo el Imperio Español y luego en los albores de nuestra República, a través de los Parlamentos (pero sin engaños como en los tiempos de José Joaquín Pérez Mascayano y las matanzas de Cornelio Saavedra, entre 1862- 1869), porque siempre, lo importante es y será conversar, intercambiar informaciones, deseos, reclamos, y buscar soluciones en conjunto.

 

Es así como nacen varias preguntas al respecto, como por ejemplo:

  • ¿Y quién le dijo al Estado de Chile que los Mapuches o los pueblos originarios querían cambiar?
  • ¿Por qué asume el Estado de Chile en forma mesiánica y autoritaria que los Mapuches y los pueblos originarios quieren cambiar sus estilos de vida o sus costumbres, y asumir las nuestras?
  • ¿Por qué el Estado asume que inyectando recursos económicos, inversiones, o llevando bienes de consumo, las cosas deberían mejorar en la Araucanía?
  • ¿Alguien les ha preguntado si a ellos les interesa el consumo de bienes suntuarios o ropa a la moda?
  • ¿Nadie ha pensado en que a ellos les interesan otro tipo de cosas, que no tiene que ver con el capitalismo o el consumo o un trabajo de asalariado o los cultivos industrializados?
  • ¿Le hemos preguntado a la gente de la Araucanía, al pueblo Mapuche si quieren cambiar o prefieren quedarse y mantenerse como están?
  • ¿Estamos dispuestos a sentarnos a parlamentar?
  • ¿Estamos dispuestos a darles lo que quieren o lo que pidan?

 

Suena divertido pensar que un Imperio de corte absolutista, como el Español, fue capaz de sentarse a parlamentar con los Mapuches, y llegar a acuerdos y a respetarse mutuamente, y a reconocerlos como nación, y nosotros que somos una ex colonia independizada con recién 200 de años de historia, no hayamos podido ser capaces – ni siquiera- de retomar la relación desde dónde quedaron nuestros conquistadores hasta 1810 o los gobiernos centrales que hasta 1861 habían realizado, al menos, 5 parlamentos.

 

No nos hemos atrevido a parlamentar por arrogancia y miedo a parecer débiles ante la opinión pública o el empresariado, sin entender que esa falta de valentía para asumir la realidad, nos ha traído hasta la crisis actual. Porque la política del garrote puede que asuste y sea útil con otros enemigos, pero en el caso de los Mapuches nunca ha funcionado, y hay 400 años de historia que así lo confirman.

La confirmación de lo anterior, la dió, el domingo 18 de noviembre de 2018, en una entrevista en el Canal CNN Chile, el señor Diego Ancalao, Presidente del Instituto de Liderazgo y Desarrollo Indígena (IldiiChile), quien dijo que todos los poderes del Estado, no sólo el Ejecutivo, son responsables de la muerte de los Mapuche. Emplazando a los Parlamentario a aprobar las leyes que aún “duermen en el Parlamento”, desde hace una década, para otorgar reconocimiento de los pueblos indígenas de Chile.

Como ejemplo de una buena política nacional hacia los pueblos originarios, explicó Ancalao que Nueva Zelandia es un paradigma a imitar, porque ellos han sabido reconocer al pueblo Maorí a través de tratados y derechos territoriales, además de las compensaciones económicas por aquellos terrenos que no pudieron ser devueltos. Asimismo, se ha ampliado el contrato social en la sociedad neozelandesa; entregado espacios políticos; cupos reservados en el parlamento (Los maoríes partieron con 4 parlamentarios, y hoy día tienen 29); un registro electoral indígena; instituciones educacionales maoríes; difusión y apropiación de la cultura Maorí por parte de la sociedad neozelandesa; y el punto inicial es el “reconocimiento constitucional”.

Las personas que se han hecho cargo del tema en el Estado, desconocen el origen, la historia y el desarrollo del problema. Y como los desconocen, no saben qué hacer, y por ende, desconocen las soluciones. Por ello es claro que, si quieren resolver el problema, tiene que abrir el diálogo a todos, para que escuchen los que los pueblos quieren, no lo que a los personeros se les ocurre que los Mapuches quisieran tener. Siendo ese el principal problema de la política indígena del Estado, según reafirma Diego Ancalao.

A pesar de este panorama, se puede avanzar, y para ellos hay que resolver en primer lugar los problemas más urgentes como determinar quienes son los culpables de los asesinatos, los que deben ser procesados por la justicia civil y, en caso de ser declarados culpables, deben pagar con cárcel efectiva.

Del mismo modo, la responsabilidad política de los hechos, la debe asumir el mando superior, los que dan las órdenes, y los que diseñan y mandan ejecutar las políticas que se llevan a cabo (Es decir, los poderes Ejecutivo y Legislativo). Por lo que las cosas no se arreglan “quemando” en plaza pública a las autoridades correspondientes. Se arreglan con responsabilidad, con humildad, con voluntad, sin arrogancia ni engaño, y con legislación a la altura de la situación.

 

A partir de un somero vistazo a la política nacional llevada a cabo históricamente hacia la Araucanía, hacia los Mapuches y hacia los Pueblos Originarios, nos damos cuenta que ninguna de las preguntas de los párrafos anteriores, se las han hecho las autoridades nacionales, y menos se las han efectuado a los principales interesados. Porque, a pesar de toda la rimbombancia comunicacional, aún no saben qué quieren los Mapuches.

Por lo que, en pos de la paz, la concordia y de ser responsables con el país, hay que dejar de lado los discursos simplistas e inmediatistas, y avanzar como lo hicieron nuestros conquistadores, a través de los parlamentos, por ejemplo. Y avanzar hacia algo bueno para el pueblo Mapuche, para los habitantes de la Araucanía y para el país. Sin asumirnos, en forma absolutista y mesiánica, como únicos poseedores de la verdad, porque no es así.

 

Aunque suene descabellado, creo que ha llegado el momento de parlamentar, y volver a 1810, sin miedo, y retomar la historia desde dónde la dejó el Imperio Español, para que no hayan más Camilos Catrillanca.