Arica Internacional Nacional

Chile se jacta de su respeto a los DDHH, pero olvida a los venezolanos en la frontera norte

Diego Rivera López

Ex Cónsul General de Chile en Caracas (2015- 2017)

Hay que ser muy insensible, para no conmoverse con las imágenes de los congéneres venezolanos que, escapando de la dictatura miserable y corrupta de Nicolás Maduro, han llegado a la frontera norte de Chile, al paso Chacalluta, en condiciones muy precarias. Ya son 4 millones los venezolanos que han salido de su país, buscando una mejor vida, que se traduce en tener algo que echarse a la boca, para ellos y sus hijos. 

Lamentablemente, como una manera de “proteger sus fronteras” y llevar a cabo una “migración ordenada”, las autoridades han optado por ignorar el dolor y el sufrimientode los venezolanos, dejándolos, textualmente, varados en la frontera. Solicitándoles, en forma intempestiva, “visa de turismo” y autocreándose una crisis humanitaria y un callejón sin salida. 

Y si, es un callejón sin salida, en especial porque Chile, por un lado, se jacta de su respeto irrestricto a los Derechos Humanos, transformándolos en uno de los pilares de su política exterior desde el regreso a la democracia en los 90’,y por otro, le niega el refugio humanitario a los venezolanos que vienen escapando de su narcoestado. Gran paradoja la que se ha creado La Moneda.

Ahora bien, el origen de esta “paradoja” no es el gobierno actual, sino que esta situación se viene dando desde las anteriores administraciones, que no dudaron en aplaudir al mitómano de Hugo Chávez o mirar al techo con las cabezas de pesado de Nicolás Maduro, y que dejaron entrar, sin ningún filtro a mucha gente, justamente, aduciendo “razones humanitarias y de refugio”, como sucedió con haitianos y colombianos, entre otros. 

Por lo tanto, vale la pena preguntarse ¿por qué con los venezolanos nos portamos así? ¿por qué hacemos la diferencia con ellos?

En estos momentos, se les impone la visa de turismo a los venezolanos, pero ojo que no estamos hablando de personas que tomaron un avión y aterrizaron en el aeropuerto de Pudahuel, sino que nos referimos a seres humanos que huyen caminando, escapando del hambre, de la miseria, de la violencia, de la corrupción y de la indolencia del chavismo- madurismo y su tongo, llamado “el socialismo del siglo XXI”. Es decir, se trata de congéneres que recorren el continente a pie. Confiando en que Chile, supuestamente, un país más estable, más desarrollado y que presume de suhumanitarismo, los recibirá, al menos por pena y compasión. 

No hay duda que esta es una cuestión humanitaria, y que responde a la ineficacia, ineficiencia, candidez y falta de oficio de la diplomacia chilena y continental. Porque mejor no hablemos de Naciones Unidas que, más allá de los golpes mediáticos, no se caracteriza por su efectividad. Basta con ver el nulo resultado de las operaciones de mantenimiento de la paz en Haití. 

Debemos ser coherentes y asumir que, al menos, como subcontinente, debemos hacer cargo de esta crisis humanitaria. Porque, nosotros mismos, comosudamericanos, le hemos fallado a los venezolanos. No hemos sido capaces de que el chavismo- madurismo respetela democracia, ni menos los DDHH. 

Chile tiene una deuda con Venezuela. Existen cuestiones moralmente imperativas, que obligan a nuestro país a responder humanitariamente.

Chile debe devolverle la mano a Venezuela, porque recordemos que los gobiernos democráticos de Caracas, entre los años 70’ y 80’, acogieron a más de 150 mil connacionales que arrancaron de la dictadura militar. 

Por ello, Chile está en deuda con Venezuela, y, más aún, está en deuda con su pueblo. 

En las condiciones en que llegan los venezolanos a la frontera norte de nuestro país, hay que tener muy duro el corazón, como para no abrirse a la posibilidad de recibirlos como refugiados. Porque recordemos que, si no son acogidos como refugiados, no pueden volver a su país, ya sea porque no tienen el dinero para hacerlos o porque, definitivamente, son perseguidos políticos, y peligran sus vidas.

Chile debe tener entereza moral, y entender que no es un tema de cálculos políticos, ni de lemas de poner orden. Hay una obligación moral hacia ellos, porque la situación es insostenible. Hablamos de gente desesperada, y que va a intentar ingresar de todas maneras, ya sea a través de ingresos ilegales, recurriendo al tráfico de personas, y poniendo en riesgo sus vidas. 

Por lo anterior, éste es el momento en que Chile demuestreque la jactancia de su altura moral y de su respeto irrestricto a los DDHH, es real y no es sólo un lema.