Daniel Ortega, el cura Gatica de Nicaragua (predica pero no practica)

Diego Rivera López

Ex Diplomático chileno y Ex Cónsul de Chile en Managua, Nicaragua       

Tal y cual como para los chavistas venezolanos, la gente que come de la basura, son “recicladores espontáneos” y no se trata gente que está en la miseria por culpa de sus fracasadas ideas, Daniel Ortega en Nicaragua, niega los ataques a la oposición, así como  desconoce que los grupos paramilitares que matan gente inocente, sean parte de su escalada de terrorismo de Estado.

Ortega, ha articulado la defensa de su gobierno o, mejor dicho, de su “negocio”, en una alianza espuria entre la policía nacional (símil de Carabineros de Chile) y los paramilitares, a quienes se refiere como defensores espontáneos de la “revolución” y sobre los cuales, manifiesta, no tener control.

Lo anterior, a pesar que, desde el pasado 18 de abril, las fuerzas policiales y paramilitares han atacado sistemáticamente a los pobladores que participan en una serie de manifestaciones pacíficas en contra de su autocracia[1]. La represión gubernamental ha sido de tal violencia, que ya ha dejado más de 350 muertos y más de 2.100 heridos, según el último informe de la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH). Importante es destacar que esta brutal represión del Gobierno nicaragüense, ya ha sido denunciada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Human Rights Watch, Amnistía Internacional, entre muchas otras, y que esta triste situación ha sido tratada en la Organización de Estados Americanos.

Ortega ha insistido en medios de prensa extranjeros, como Fox News, que las manifestaciones nunca han sido atacadas por sus hombres, que el gobierno no tiene ningún problema con la Iglesia Católica y que los “disturbios” han cesado. Todo aquello mientras jóvenes estudiantes opositores son apresados sumariamente, son juzgados por la justicia militar y se les asesina a sangre fría como sucedió con Gerald Vásquez y Francisco Flores, que estaban refugiados en la parroquia Jesús de la Divina Misericordia, ubicada en Managua, el pasado 14 de julio, luego de un asedio de parte de la policía y los paramilitares que duró más de 15 horas. Lo cual quedaron pruebas irrefutables en las paredes del templo, donde se observan los múltiples disparos de armamento de guerra que hicieron los paramilitares durante el sitio.

Las mentiras de Ortega siguen y siguen. Según él, no hay persecución en contra de la Iglesia Católica, a pesar que militantes de su partido político, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), apoyados por paramilitares (que bajo sus capuchas y pasamontañas “extrañamente” hablan español con marcado acento venezolano y cubano), han atacado impunemente al Cardenal nicaragüense Leopoldo Brenes y al Nuncio Apostólico (que es el Representante diplomático del Papa Francisco en Nicaragua), así como han golpeado y asesinado a una serie de obispos y sacerdotes católicos.

Quizá el acaudalado presente de Daniel Ortega y su familia, así como de sus “compañeros revolucionarios”, los ha hecho olvidarse de los principios que fundaron sus ideas políticas y su lucha armada, que los llevó a derrotar a la dictadura de Anastasio Somoza un 19 de julio de 1979. Ortega y los orteguistas se olvidan que el pueblo que los apoyó en la gesta de 1979, es el mismo pueblo al cual ahora reprimen, persiguen, y matan. También se olvidan que sus abultadas fortunas personales, se las deben a esa misma gente que creyó en ellos y que hizo vista gorda de cómo extorsionaban a los gobiernos democráticos que les siguieron, exigiendo “piñatas” (que fue la expropiación obligada de casas, fincas e industrias por parte de Ortega y su elite);  así como la designación de sandinistas en puestos gubernamentales, logrando cooptar por completo el aparato estatal. Todo con el fin de crear un Estado de Ortega y para Ortega, donde él controla todos los poderes del Estados y más allá, es decir, el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial, el Electoral, la Policía, las Fuerzas Armadas, las comunicaciones estatales y privadas, y quizá cuantas cosas que no sabemos.

El pasado 19 de julio, durante la celebración del 39º aniversario del triunfo de la revolución sandinista sobre Somoza, Daniel Ortega acusó – una vez más- a los obispos de “golpistas” y los descalificó como mediadores en el diálogo nacional, designando también como “golpistas” a sus opositores que se manifiestan en las calles. Asimismo, éste epíteto de “golpistas” fue usado como excusa para llevar a cabo su “Operación Limpieza” que fue ejecutada por policías y paramilitares, en los días previos al 19 de julio. De ese modo, el pasado 17 de julio fué atacado a mansalva el barrio de Monimbó, en la ciudad de Masaya (cerca de la capital Managua), dejando 4 muertos, y paralelamente fueron arrasados “a sangre y plomo” y con total impunidad, las manifestaciones en las localidades de Diriá, Diriomo y Niquinohomo. Hubo allanamientos sin orden judicial, la gente fue sacada de sus casas y sus refugios a punta de culatazos, algunos desaparecieron y fueron detenidos sumariamente, se quemaron viviendas, autos, y muchos otros daños.

Durante 2013, viví y trabajé en Nicaragua, y tuve la oportunidad de ver como Ortega controlaba, prácticamente, todo el quehacer nicaragüense. Su autocracia llegaba a tal punto, que fuí testigo de cómo destituía a diputados sandinistas y opositores que se oponían a sus iniciativas parlamentarias; de cómo él y su esposa decoraban el país a su antojo con estatuas y monumentos de creación propia – con dinero fiscal- que costaban fortunas que podrían haberse dedicado a fines sociales; de cómo controlaban los medios de comunicación a nivel nacional, incluyendo los contenidos de los canales estatales y privados que eran de su propiedad; de cómo fue capaz de hipotecar el futuro de su país en una empresa imposible, como es un segundo canal interoceánico a través de Nicaragua; de cómo controlaba la producción y exportación de oro (su principal producto de exportación, incluso antes que el café, la caña de azúcar el ron), entre otras muchas cosas.

Por todo lo anterior, es que con toda propiedad puedo decir que Ortega y su gente, se han olvidado de sus orígenes, se han desclasado, se han convertido en defensores de “su negocio”, y están ciegos ante las demandas del pueblo nicaragüense que les saca esto mismo en cara, y que a viva voz les dice que quiere vivir en una democracia real. Y que les hace saber su descontento manifestándose en las calles, con las manos limpias, sin armas, sin capuchas ni pasamontañas, y mirándolos a los ojos. Siendo esto último quizá, lo que mas les duele a Ortega y a su élite, porque les recuerdan a ellos mismos en los 70’, y les muestra de cómo se han convertido en un símil de la dinastía Somoza que aterrorizó y empobreció a Nicaragua por más de 40 años. Por eso, lamentablemente, tal y cual como el Cura Gatica, Daniel Ortega predica de democracia y derechos humanos, pero no los practica.

 

[1] Autocracia: Nombre femenino. Régimen político en el que una sola persona gobierna sin someterse a ningún tipo de limitación y con la facultad de promulgar y modificar leyes a su voluntad. Ejemplo:
“con estas primeras leyes fundamentales se recubrió de democracia orgánica lo que seguía siendo una autocracia”. Sinónimo: dictadura. Consultado el 24 de julio, 2018 en
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