prensa 28/07/2020

Por: Diego Rivera López

Hoy 28 de julio de 2020, luego del mediodía, se concretó un nuevo cambio de gabinete del Presidente Sebastián Piñera. Más allá de analizar los nombres de los nuevos ministros y buscar sus declaraciones políticas en redes sociales, para ver qué opinan, podemos decir a simple vista que, una vez más, “la sillita musical” se ha activado. Tal y cual como viene sucediendo desde 1810 en la política chilena, con la repetición de nombres, cargos, apellidos, colegios y universidades de origen, y el estrato social del cual provienen.    

Ahora bien, más allá de los citado en el párrafo anterior, en este cambio de gabinete, la característica principal y común que tienen todos los “nuevos” ministros, es que todos son “EX”, es decir: ex senadores, ex diputados y ex ministros. No hay nuevos nombres, nuevas caras, ni menos nuevas ideas o estilos.

Una vez más, Su Excelencia se ha perdido la oportunidad de empatizar con la mayoría de los chilenos y ha optado por rodearse de una “guardia pretoriana” con el fin de proteger – a toda costa- el sistema político, social y económico heredado de la dictadura. Y que, lamentablemente, fue perfeccionado y blindado, principalmente, por los gobiernos de la Concertación de Partidos por la Democracia (Aylwin, Frei Ruiz-Tagle, Lagos y Bachelet).  

Sin lugar a dudas, el Presidente está intentando, a través de éste cambio de gabinete, solucionar los problemas internos de su coalición de gobierno buscando reunir bajo su control personal a todos los “díscolos” y disidentes; limpiar el camino para su sucesión a través de la eventual candidatura presidencial de Joaquín Lavín, sacando a Andrés Allamand del camino, llevándolo a la Cancillería, desarticulando de paso las pugnas internas en Renovación Nacional (RN); acallar las críticas y el fuego amigo desde RN, nombrando a su timonel, Mario Desbordes, en Defensa Nacional; garantizarse el respaldo irrestricto de la UDI, situando a ambas vertientes de ese partido en el gabinete, es decir, con Víctor Pérez como Ministro del Interior (ex alcalde de Pinochet en la ciudad de Los Ángeles y negacionista de las violaciones a los DDHH en dictadura) y a Jaime Bellolio como Ministro- Portavoz, quien es público disidente de la actual dirección de la UDI a la cual Pérez apoya; dar una rápida salida al experimento de situar en primera línea del gobierno – cómo fusible- a una derecha más blanda, no pinochetista y negociadora como EVOPOLI (el partido más joven de la coalición); y asegurarse una dirección firme y experimentada que alinee a todos los que estén por “rechazar” un cambio constitucional en el plebiscito de octubre próximo, tal y cual como lo hizo Pinochet al nombrar a Carlos Cáceres como su Ministro del Interior, antes del Plebiscito de 1988.

Tal y cual como la mayoría de los políticos nacionales, los nuevos secretarios de Estado, además de ser todos “EX”, no cuentas con mucha experiencia en el mundo real, sino que, como dicen algunos memes: “tienen menos calle que Venecia”. En alusión a la total desconexión que la clase política chilena tiene del Chile real, aquel que anda a pata pelada; que pasa frío y hambre; que vive en el barro; que tiene que salir a vender y a mendigar en las esquinas para echarse algo a la boca, a pesar de la pandemia, y que vive la cesantía de 2 dígitos, similar a la que teníamos durante la dictadura pinochetista.  

Sinceramente, yo creo que mientras no haya un cambio de diseño, un cambio de mirada y de actitud hacia Chile, ningún gobierno va a cambiar nada, ni menos éste, que está supeditado a los grandes poderes económicos, como quedó reflejado en su vergonzosa campaña en favor de las AFP y en contra del retiro del 10% de los fondos previsionales, el cual no es más que un salvataje económico para gran parte de los chilenos, y que servirá sin duda para activar nuestra alicaída economía.

A propósito de juego pro-empresa del gobierno, supe que Su Excelencia, aprovechando la batahola por el retiro del 10%, en paralelo, envió un proyecto al Congreso, con discusión inmediata, para que se autorice a las AFP a rescatar a las grandes empresas a través de la compra de bonos de deuda por un monto de 10 mil millones de dólares estadounidenses, es decir, por una cantidad muy similar al paquete de ayuda para la crisis del COVID19 acordado (12 mil millones de US$). Eso quiere decir que, nuevamente, seremos los trabajadores los que recataremos a las grandes empresas de este país, con todos los riesgos que esto significa, y sin seguridad de pago, porque nada nos garantiza que una empresa que emitirá bonos a 20 años, estará el 2040 para honrar sus pagos.

Lo divertido es que el gobierno – en forma incoherente- por un lado, se opone tenazmente a que los cotizantes ocupemos nuestros ahorros en las AFP en sobrevivir, pero apoya y promueve que, con nuestra plata, se financie con un alto riesgo de pérdidas a las mismas empresas que especulan, mercantilizan nuestras vidas, y nos estafan “legalmente” cobrándonos intereses de usura. Tal y cual como ya se hizo en los 80’ cuando se restacató a la banca, y cuyas deudas fueron pagadas en cómodas cuotas mensuales, con múltiples regalías y/o nunca fueron pagadas. Y mucha atención que éste proyecto ya pasó su trámite en el Senado (con los votos a favor de los PPD Ricardo Lagos Weber y Felipe Harboe, y del DC Jorge Pizarro). Confiemos en que la Cámara de Diputados cumpla con su deber histórico de controlar al gobierno y parar los abusos de los grandes empresarios de siempre. Muchos de los cuales han logrado sus fortunas a través de la especulación bursátil, la usura, los monopolios naturales, las inmorales privatizaciones de las empresas del Estado durante la dictadura, o por grandes contratos asociados – directa o indirectamente- al Estado.   

Total Page Visits: 88 - Today Page Visits: 3