Nacional Opinion

El tiempo ya no será un cómplice de los abusadores de nuestros niños

Columna Roberto Erpel, Seremi de Desarrollo Social y Familia

El trabajo por “los niños primero” que se ha realizado durante el Gobierno de nuestro Presidente Sebastián Piñera no se reduce sólo a la creación de la Subsecretaría de la Niñez y el Acuerdo Nacional por la Infancia. También hay esfuerzos por generar leyes que protejan a niños, niñas y adolescentes. Y una de ellas fue la promulgada este jueves por el mandatario sobre la imprescriptibilidad de los delitos sexuales cometidos contra menores de edad.      

Antes, estos delitos prescribían en un plazo de cinco a diez años después que la víctima cumplía la mayoría de edad. Hoy, la ley permite perseguir por siempre penalmente a los responsables, interponer acciones reparatorias contra ellos y contra terceros civilmente responsables. Esto incluye a aquellos que no impidieron el delito, ya sean personas o instituciones, lo que implica un cambio con respecto a la legislación anterior.

En el Ministerio de Desarrollo Social y Familia priorizamos los derechos fundamentales y el bienestar de todos los niños, niñas y adolescentes de Chile. La promoción de una agenda de prevención del abuso sexual infantil y el acompañamiento a las víctimas y sus familias, son parte de este importante compromiso.

En menos de dos años de Gobierno, hemos tenido grandes e importantes avances en esta materia: el Acuerdo Nacional por la Infancia, la ley que creó nuestro Ministerio de Desarrollo Social y Familia; la creación de la Subsecretaría de la Niñez, la ley que aumenta la subvención para residencias de organismos colaboradores del Sename, la ampliación de la cobertura de los programas de habilidades parentales del Chile Crece Contigo; la atención del fono infancia; la campaña contra el abuso sexual infantil #ElPeorAbuso, Elige vivir sin drogas, La ampliación del programa Mi Abogado, que con una dupla psicosocial y un abogado buscan dar representación jurídica especializada a los niños bajo cuidado residencial.

Estamos felices por lo que hemos avanzado, pero sabemos que la tarea debe seguir: si las huellas, las cicatrices y el dolor de los delitos cometidos contra niños abusados sexualmente no prescriben, no se borran, tampoco se debe borrar, ni mucho menos prescribir la responsabilidad penal de los abusadores. Si las heridas del alma no las cura el paso del tiempo, que el paso del tiempo tampoco los deje impunes.