Internacional Opinion

Imitemos las lecciones de civilidad que nos dan los peruanos

Diego Rivera L.

Licenciado en Geografía UC

Miércoles, 23 de abril de 2019

Cuando escucho a los charlatanes de la política hablar y hablar, por hablar, sin decir nada, me pregunto cómo esa gente ha llegado a estar donde está y de como nosotros somos culpables de ello.

El caso más emblemático en estos días, es el de Nicolás Maduro, un charlatán cuya capacidad de hablar en forma seria, firme y sin decir nada, es toda una actuación que merece un Oscar. Porque aún sabiendo que miente, igualmente hay un porcentaje de venezolanos que le cree. Se dice que entre un 10 y 20% de la población de la maltratada Venezuela, aún lo apoya.

Por lo tanto, dentro de nuestra aparente conciencia cívica chilena, nos cuesta entender cómo hay venezolanos que votan o votaron, por quienes los han llevado a la ruina. Lamentablemente, en nuestro país, los casos de las senadoras y senadores Allende, Coloma, Letelier, Montes y Pérez, entre otros, que llevan 30 años en el Parlamento, son realmente paradigmáticos. No sólo porque llevan 30 años de “servicio público” disfrutando alegremente de los privilegios políticos y económicos que su condición les otorga, sino porque sus esfuerzos legislativos en pos de la población y por desmontar la herencia de Pinochet, han sido nulos, en ambos casos. Ya que los desiguales persisten y los criticados sistemas de salud y pensiones siguen aún presentes en nuestra sociedad, a pesar de lo evidentemente dañinos que han sido para todos. Sin dejar de mencionar la inacción que han tenido los mencionados parlamentarios, para prevenir los casos de corrupción, robo y tráfico de influencias que salpican a todo el aparato público.

A pesar de lo anterior, nosotros mismos seguimos escuchándolos y votando por ellos y continuamos entregándoles las llaves de nuestro futuro. En este sentido, un ejemplo que deberíamos seguir, es el de los peruanos, quienes han sido bastante más republicanos y civilizados que los chilenos, porque, más allá de las burlas que se les hace, ellos nos llevan ventaja en muchas cosas. Principalmente, en el hecho que no se dejan abusar por el sistema, ni por los políticos. Han sido capaces, como sociedad, de organizarse y reclamar sus derechos y su soberanía, logrando que se enjuicie y encarcele la corrupción, caiga quien caiga. Incluyendo ex presidentes, ministros, parlamentarios y empresariado. Cosa que en Chile no ha sucedido, ni creo que suceda, porque el “orden portaliano”, el “partido del orden” y “la imagen de la República y de la clase política y dirigente”, están por sobre la soberanía popular, es decir, están por sobre nuestros votos. Y todo se justifica en nombre de mantener “la casa en paz”. Lo cual nos obliga a barrer bajo de la alfombra todas las corruptelas, a mirar para otro lado y a olvidar…

Por otro lado, como si lo anterior no fuera suficiente para demostrar el quiebre entre la clase dirigente y la población, el Banco Central de Chile “revela” el descubrimiento que los chilenos estamos cada vez más pobres y más endeudados. Estableciendo que la riqueza de los chilenos disminuyó y el endeudamiento de los hogares registró un máximo histórico. Noticia que no es ninguna novedad para los mortales como nosotros, sino que demuestra lo alejado de la realidad en que viven los señores del ente emisor, porque basta con salir a la calle o andar un ratito en locomoción colectiva, para darse cuenta que hay gente cesante por todos lados, vendiendo lo que sea para sobrevivir y para pagar sus deudas. Y que el “club” Dicom tiene cada día más adeptos involuntarios. ¿O es que acaso no les llama la atención que las aplicaciones de transporte o de reparto tengan cada día más trabajadores asociados? ¿o qué los pagos por jornal son cada día menores? ¿o cómo ha aumentado el trabajo informal?

Por eso, señores del Banco Central, los invito a que salgan a la calle y vean el Chile real y no reduzcan la realidad de un país a las cifras macroeconómicas.

Otro gran ejemplo de civilidad que nos han dado los peruanos, es que, gracias a la presión popular, los políticos se vieron obligados aprobar leyes para devolverle el 95% de los fondos previsionales a cada trabajador al jubilarse, cortando los abusos y los negociados de raíz.

Por lo tanto, tal vez ya sea hora en que comencemos a mirar más allá de la Línea de la Concordia e imitemos las lecciones republicanas y de democráticas que nos han entregado los vecinos del Rimac. Principalmente, el hecho de no dejarse abusar y a exigirle responsabilidad (Accountability) a la clase política y dirigente.