Arica Internacional Opinion

La reunión del G-20 en Buenos Aires: el mundo está en manos de muy pocos

Diego Rivera López, Licenciado en Geografía UC y ex Diplomático

¿Qué es el Grupo de los 20 o el G-20?

El Grupo de los 20 o G-20, es un foro que reúne a las 19 principales economías de los 5 continentes más la Unión Europea, a saber: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía. A pesar de ser una gran potencia económica, Taiwán ha sido vetada por Pekín, debido a su tesis “de una sola China”, negando así la existencia de otra “China” que no sea la República Popular China.     

El G-20 comenzó el 15 de diciembre de 1999, en Berlín,Alemania, a partir del primer encuentro oficial de Ministros de Hacienda yGobernadores de Bancos Centrales, de las economías más industrializadas y conmayor desarrollo del mundo, con la finalidad de debatir cuestiones claves para laeconomía global y el desarrollo del planeta.

En noviembre de 2008, en Washington DC, se llevó a cabo la que es considerada como una de las reuniones más importantes del G-20, porque en ella se discutió la reforma al sistema financiero mundial, como consecuencia de la crisis mundial que estalló ese año, constituyéndose la instancia de Jefes de Estado y de Gobierno de sus miembros.

En septiembre de 2009 tuvo lugar la reunión de Pittsburgh, en Estados Unidos, donde formalmente, se decidió que el G-20 sería el reemplazante de otras instancias de concertación y discusión sobre temas económicos y planes de desarrollo mundial, como el G-7, G-7 + Rusia, el G-8 o el G8+5.

Convirtiéndose, sin duda alguna, actualmente, en el principal espacio de deliberación política y económica del mundo.

De acuerdo a estimaciones oficiales del mismo G-20, en su conjunto, sus miembros representan 66 % de la población mundial y el 85 % del producto bruto mundial.​

Además de los miembros originales, ya detallados en el primer párrafo, hay otros países que completan el foro como invitados permanentes (España) y ocasionales, como ha sido Chile en 2 ocasiones. Del mismo modo, hay 14 organizaciones internacionales que tienen el carácter de socias, y también participan del foro, como son las Naciones Unidas (ONU); el Fondo Monetario Internacional (FMI); el Banco Mundial; el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB); la Organización Internacional del Trabajo (OIT); la Organización Mundial de Comercio (OMC); la Organización Mundial de la Salud (OMS); la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN); la Unión Africana; la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD); la Comunidad del Caribe (CARICOM); el Banco Interamericano de Desarrollo (BID); el Banco de Desarrollo de América Latina (ex Corporación Andina de Fomento, CAF) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Complementariamente, el G-20 contempla a la sociedad civil, a través de grupos de participación, los que son llamados “grupos de afinidad”, los cuales son: Business 20 (B20), destinado a empresarios y hombres de negocios; Civil 20 (C20), para las organizaciones no gubernamentales; Labour 20 (L20) para sindicatos y organizaciones de trabajadores; Science 20 (S20) para científicos; Think 20 (T20), dirigido a institutos de investigación social, política y económica; Women 20 (W20) para las organizaciones feministas y, finalmente, el Youth 20 (Y20), cuyo objetivo es reunir a las organizaciones juveniles de los participantes. ​

Como ya se sabe, la última cumbre del G-20, se llevó a cabo entre el 30 de noviembre y el 1º de diciembre de 2018, en la ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina. Y la próxima, se realizará en Japón, en noviembre de 2019, correspondiendo hasta entonces la presidencia (y coordinación del G-20) al Primer Ministro japonés, Shinzō Abe.

¿Qué nos dejó la Cumbre del G-20 en Buenos Aires?

Es sabido, que más allá de la parafernalia con que se desarrollan este tipo de cumbres, raramente se generan soluciones de ellas. Pero si hay que reconocer que, permite abrir vías para el diálogo, por un lado, pero por otro, revela las fracturas existentes entre sus miembros, las que no deberían dejar de asustarnos. En especial en temas tan claves y de general afectación, como lo son el cambio climático, las guerras comerciales y el comercio mundial, el aumento de la pobreza y la marginalidad, la inmigración, las guerras y conflicto territoriales, el terrorismo, la sostenibilidad alimentaria y la falta de agua en el presente y en el futuro, entre muchos otros.   

De acuerdo a analistas y medios especializados, las conversaciones y “deliberaciones” del G-20 2018, se desarrollaron en desorden y con tintes de desgobierno. Todo esto, obviamente, debido a la presencia en Buenos Aires de los protagonistas de diversas situaciones que enfrentan y asombran al mundo en la actualidad. Nos referimos especialmente a los siguientes personajes:

–          El príncipe heredero de Arabia Saudita Mohamed bin Salman: Evidente mentor del espantoso  asesinato por descuartizamiento del periodista opositor Jamal Khashoggi, el pasado 2 de octubre en Estambul, Turquía.

–          Vladimir Putin, presidente ruso, el más veterano en estas lides de G-20 y permanente instigador de problemas con su vecina Ucrania. De hecho en 2014, llevó a cabo una invasión a Ucrania, apoderándose de la península de Crimea, en el Mar Negro, y ordenando el último episodio entre Moscú y Kiev, que  tuvo lugar el pasado 25 de noviembre cuando Rusia cerró el paso a buques ucranianos por el área cercana a la zona invadida, lo que ha constituído un gesto sin precedentes desde la desintegración de la Unión Soviética en los 90’.

–          Donald Trump, presidente estadounidense, para muchos el más inepto e imprevisible, pero que con su estilo “acaballado” y “sin anestesia” ha logrado hitos periodísticos sin precedentes (quizá inútiles, pero de espectacularidad y repercusión mundial), como la reunión con el “líder supremo” de Corea del Norte Kim jong-un; la imposición histórica de aranceles a los productos chinos que ingresan a Estados Unidos; el reconocimiento de Jerusalem, como capital de Israel; el haber llamado inútil a las Naciones Unidas; el desprecio por los inmigrantes y la construcción de un muro divisorio con México, y quizá la más increíble, el no reconocer públicamente la existencia del “cambio climático”.             

–          El mandatario brasileño Michel Temer que asistió acompañado Jair Bolsonaro, presidente electo que asume el 1º de enero de 2019, y cuyo estilo “antidemocrático” ha sacado ronchas en muchos países latinoamericanos.  

–          El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, de tendencia islamista, quien gobierna su país con mano de hierro y que no ha escatimado en llevar a cabo razzias de opositores, acusándolos de sedición y de haber apoyado un supuesto golpe de estado en su contra en 2016; así como cerrar medios de prensa que lo critican; detenciones forzosas e ilegales y llenar las fuerzas armadas de militantes islamistas, con el fin de eliminar la base del estado laico, secular y pro occidente que dejó el padre de la patria turca, Mustafá Kemal Ataturk a su muerte en 1938, y que tanto desarrollo le brindó al país.

–       Emmanuel Macron, el presidente de Francia, es otro “personaje”, que aspira a erigirse como un “líder planetario” de la lucha contra el cambio climático, como ya lo demostró en la cumbre celebrada en París en 2016. Se esperaba un intercambio “dialéctico” sobre los temas medioambientales (cambio climático), con el escéptico Donald Trump, pero eso no se dió, porque para el estadounidense ese tema es – a todas luces-  “secundario”.    

–       Y por último, Mauricio Macri, el presidente argentino que lidera un país en crisis, y que no ha vuelto a colapsar – por el momento- gracias a un préstamos de rescate del Fondo Monetario Internacional (FMI), por la nada despreciable suma de 50 mil millones de dólares.

Por ello, se podría decir que durante la pasada cumbre en Argentina, más que un grupo de concertación, deliberación y discusión, se trató de una reunión de una familia desavenida y peleada entre sí.

De hecho los diálogos no aportaron mucho y la declaración final no pasó de las 4 páginas, llenas de obviedades y sin compromisos, ni nuevas tareas. En comparación con el documento final de la cumbre 2017, en Berlín, que tuvo más de 14 páginas y bastante más sustancia.  

Debido a que había poco que decirse, los encuentros estuvieron llenos de meras cortesías, sonrisas glaciales, reuniones canceladas y mucha retórica para llenar lo vacío de las intervenciones. Se dice que incluso, muchos asistentes evitaban tropezar o encontrarse entre ellos en los pasillos, y que cuando se tenían que sentar unos al lado de otros, no hacían ni siquiera contacto visual, ni menos habían conversaciones al oído. Los “apestados” de la cumbre, sin duda, eran el príncipe heredero saudí, por el asesinato del periodista Jamal Ahmad Khashoggi y la guerra en Yemen, clasificada ya por Naciones Unidas, como una catástrofe humanitaria; Vladimir Putin por sus acciones en contra de Ucrania y por la intervención electoral en Estados Unidos, y Donald Trump, con quien nadie se quiere topar, para no enfrentarse a sus irascibles, destempladas y poco diplomáticas formas.  

Con este panorama y por lo visto, el ganador de esta cumbre ha sido, el  príncipe heredero saudita, quien, con total desparpajo y con las manos aún manchadas con la sangre de Khashoggi y los yemeníes, se paseo por los debates del G-20 “como Pedro por su casa”[1], sin rendirle cuentas a nadie y demostrando que su “cara de palo” sin límites, es un elemento primordial para heredar un país y una administración, cuya principal herramienta de sobrevivencia ha sido la eliminación sistemática de opositores, y el haber establecido un régimen de monarquía absoluta.       

Finalmente, en este punto, podemos decir que el cóctel resultante al mezclar las desavenencias y conductas disruptivas de los líderes asistentes; junto con las problemáticas políticas y humanitarias antes mencionadas; la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y la incredulidad de Donald Trump respecto del cambio climático, han sido una suerte de boicot a la cumbre 2018, ya que los objetivos se limitaron a evitar portazos, rupturas y peleas y recriminaciones públicas. Lamentablemente, los líderes del G-20 no han entendido – una vez más- que estos fracasos van más allá una simple pelea entre “líderes políticos”, porque en la mayoría de la ocasiones éstas se terminan transformando en miseria y muerte para millones de personas a nivel planetario.


[1] La expresión “Como Pedro por su casa” nace a finales del siglo XI y es una evolución de la frase que surge en esa época “Como Pedro por Huesca”. El protagonista de la expresión es el Rey Pedro I de Aragón y Pamplona, de quien se decía que, debido a su condición de gran estratega militar, le era muy fácil atravesar las líneas defensivas árabes en la Península Ibérica.