Venezuela: la fiesta del Chavismo II

Diego Rivera López

Ex Diplomático y ex Cónsul General de Chile en Caracas, Venezuela

Palabras iniciales

Antes de comenzar, me permito citar un par de frases que retratan a cabalidad “la cuestión venezolana”, la primera es de la politóloga guatemalteca Gloria Álvarez, que, en la siguientes palabras, ha sabido resumir perfectamente el cinismo y las mentiras del chavismo al pueblo venezolano: No te sientas mal por abandonar tu país cuando cae en Socialismo del Siglo XXI. Recuerda que los primeros que escapan como ratas con todo lo que expropiaron, son los responsables de esa desgracia. Por eso la mamá de Chávez vive en Miami, en el maldito imperioy su hija en París.

Y la segunda es el resultado del análisis y comparación de situaciones históricas que mencioné, en diversos informes enviados a Santiago, desde mi destino diplomático en Caracas, entre 2015 y 2017: En vista del acercamiento de los jerarcas de La Habana con Obama, y de los papeles de Beijing y Moscú, en el concierto internacional, Nicolás Maduro sabe que no será bienvenido como refugiado ni en Cuba, ni en China, ni en Rusia, por lo que ha tomado conciencia que su futuro sólo tiene 3 posibles destinos: (1) Aguantar hasta las últimas consecuencias con su régimen opresor y creador de miseria; (2) Terminar como Gadafi, preso y linchado por el propio pueblo que dice defender o (3) Ser juzgado en Estados Unidos y terminar preso de por vida, en una cárcel de alta seguridad en el país del norte.  

 Como destruir un país en 20 años y no morir en el intento

Chávez decía “Ser rico es malo, es inhumano” (sic), “A quienes su trabajo ya les haya producido grandes riquezas, deberían donar todo eso…hacer obras benéficas…” (sic). A pesar que su fortuna personal, ganada integramente durante su presidencia, ascendía al momento de su muerte a US$ 2 mil millones, que incluían, entre muchas otras cosas: 45 mil hectáreas de tierras sólo en Venezuela, joyas y su famosa flota formada por 10 camionetas Hummer.

De acuerdo a diversas fuentes médicas y políticas, Chávez puede ser considerada una persona enferma de poder, paranoico, megalómano, psicopata y sociopata, que creyó estar investido divinamente, por una tarea histórica que le otorgaba poder sobre la vida y la muerte de los venezolanos, y del país entero, y porque no, del mundo, del continente y del subcontinente. He aquí, parte de su “obra”, que día a día sufren los 30 millones de venezolanos que aún permanecen en el país, y que sus 4 millones de familiares, desde lejos, sufren con impotencia y desesperación.

Crisis generalizada

Después de 18 años de chavismo, Venezuela ocupa los últimos lugares en los índices internacionales de desarrollo, demostrando así la destrucción del sistema político-económico-social del país.

Por ejemplo, de acuerdo a Inter American Trends, en el Índice de Competitividad Global 2016-2017, Venezuela sólo alcanzó el lugar 130 entre los 138 países medidos por el Foro Económico Mundial (FEM), y el último puesto entre las economías evaluadas de América Latina y el Caribe.

No es misterio que entre los factores que más han afectado al desarrollo de Venezuela, están:

  • El control de cambio -implantado desde el año 2003-;
  • la inflación -la más alta del mundo-;
  • la inestabilidad política -violación de la Carta Interamericana-;
  • la inseguridad (crimen y robos) -la más alta del mundo-;
  • la burocracia;
  • la corrupción;
  • y la inamovilidad laboral -decretada en 2004 y sucesivamente prorrogada.

Según el último Índice de Percepción de la Corrupción 2016, Venezuela obtuvo la posición 166 de 176 gobiernos evaluados por la Organización Transparencia Internacional, y en la Región ocupó el último lugar, y sigue siendo siendo el país más corrupto de Latinoamérica.

En el Índice de Prosperidad, Venezuela clasificó en el puesto 121 entre 139 países. Según las mediciones realizadas durante 10 años por el Instituto Legatum, Venezuela ha conseguido a nivel mundial la mayor caída en este Índice.

En el Índice de Miseria Venezuela encabeza la lista, siendo por cuarto año consecutivo, uno de los países más miserables del mundo. Para el profesor Steve Hanke, autor de éste índice, basta con conocer su alta inflación, para saber que esa es la causa fundamental, para tener la economía más arruinada a nivel mundial.

Se pronostica que en 2018, la inflación superará el 3.000 %. A mayo de 2018, la inflación acumulada ya iba en 1.995,2 % y sólo en el mes de mayo fue de 110,1 %, con cifras tan alarmantes como que la inflación diaria alcanza entre un 2,4 y un 2,5 %. Todo según cifras de la Comisión de Finanzas de Asamblea Nacional que fue electa democráticamente, en diciembre de 2015.

Debido a la escasez, ha habido un brusco cambio en el patrón de alimentación venezolano, porque ya no hay comida suficiente, y la que hay está a precios inaccesibles. Según cifras entregadas por medios de prensa opositores a Maduro, como el periódico “El Nacional”, en estos momentos, aproximadamente 10 millones de venezolanos ingieren sólo, entre 1 y 2 al día. Eso quiere decir que el 31 % de los 32 millones venezolanos, ya no tiene ni para comer debidamente.

Asimismo, en salud las cifras globales, tampoco son halagüeñas, las condiciones de desprotección de la población regresaron a las que se tenían a principios del siglo XX, con clara tendencia a empeorar. Han vuelto enfermedades ya erradicadas en los 50’ y 60’.

En términos de seguridad, más allá de las aterradoras cifras que mencionaremos más adelante, se puede decir que del total anual de fallecidos, cerca del 76% fueron menores de 35 años, y el nivel de violencia ha autoimpuesto una especie de “toque de queda” en la sociedad venezolana.

Catástrofe en la salud
En cuanto a la escasez y la crisis sanitaria y humanitaria, según cifras entregadas por el Diputado José Manuel Olivares (2016- 2021), quien es Médico Cirujano de profesión, existe en estos momentos en Venezuela, una escasez calculada del 90% en medicamentos de uso común; 90% en remedios neurológicos, anticonvulcionantes y oncológicos; 80% en antibióticos, y 70% en analgésicos y antipiréticos. Por lo tanto, además de la abismante cifra de muertes violentas (15.755 al año), el venezolano se está muriendo por falta de medicinas y de hambre, por la falta de comida. Y todo esto sucede ante la mirada fría e impertérrita del Maduro y del chavismo.

A lo anterior penosamente, tenemos que agregar, el “milagro chavista” hizo posible que debido a la ausencia de vacunas e inversión social, han “resucitado” e incrementado enfermedades que estaban erradicadas y eran fantasmas del pasado venezolano, como el cólera, el dengue, la difteria, el mal de Chagas, la malaria, el sarampión y la tuberculosis. Incluso ésta alarma sanitaria ha llamado la atención de la comunidad internacional y de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), quienes han manifestado su preocupación extrema por el brote de difteria que se viene dando desde julio de 2016, en la zona amazónica y que se extendería a territorio brasileño, lo mismo que el sarampión.

Muertes violentas

Desde 1999 hasta 2017, durante 18 años de régimen chavista, en Venezuela han muerto asesinados violentamente 252.073 personas, lo que da un promedio de 15.755 fallecimientos al año, equivalente a 43,2 al día y, la escalofriante cifra, de 1,8 asesinatos cada 60 minutos. Es decir, exactamente, cada 20 minutos, en Venezuela, muere una persona por causas violentas.

Comparativamente hablando, para comparar y percibir debidamente las cifras de violencia en Venezuela, podemos decir que en los 4 años que duró la Guerra del Pacífico, se calcula que fallecieron 14 mil personas, entre civiles y militares. Eso quiere decir que, en un año – sólo en 1 año-, en Venezuela mueren asesinadas más personas que todas las víctimas de una guerra declarada que duró 4 años, y que conflictúo a 3 países (Bolivia, Chile y Perú).

Eliminación de la disidencia

Así como actualmente lo hace Maduro, desde los inicios de su régimen, Hugo Chávez utilizó toda la maquinaria estatal para silenciar, torturar, encarcelar, expulsar y asesinar a todo aquel que se le opusiera, y así lo hizo con dirigentes políticos, con empresarios, campesinos, y ciudadanos comunes y corrientes que pudieran disentir de él y sus locuras.

En un reciente informe del panel de expertos en Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos (OEA), se determinó que, desde que asumió Maduro en 2014, en Venezuela, se han llevado a cabo crímenes de lesa humanidad, tales como 131 casos de ejecuciones extrajudiciales; 289 casos de tortura denunciados; 192 agresiones sexuales denunciadas, y 12.185  detenciones arbitrarias cometidas por el aparato represivo del Estado. Además de los cerca de 300 presos políticos que aún purgan penas de cárcel, principalmente, en las mazmorras que el SEBIN o Servicio Bolivariano de Inteligencia (la policía política del régimen chavista), tiene en su sede central en Caracas, en el edificio llamado “El Helicoide”; sin dejar de mencionar a los que cumplen prisión domiciliaria, como son los casos del líder opositor Leopoldo López o el comunicador venezolano- chileno Braulio Jatar.

Actualmente, en el mencionado Helicoide y desde hace 60 días, los presos políticos se han estado movilizando en contra del aislamiento total al que están siendo sometidos, reclamando al régimen chavista, la presencia de autoridades judiciales, de fiscales de derechos fundamentales y, principalmente, del fiscal general (que preside la recientemente creada “comisión de la verdad”), con el fin que se les informe del estado de sus causas; se dé curso a las excarcelaciones dictadas por los tribunales; se comprueben in situ las condiciones en las que se encuentran recluidos; les sean respetados sus derechos humanos y se les permita comunicarse con sus familiares y abogados.

Al respecto, Amnistía Internacional denunció, el pasado lunes 9 de julio, que la vida e integridad de las personas detenidas en El Helicoide están en serio riesgo, y que aquellos que han sido excarcelados por los tribunales, deben ser liberados de inmediato. Insistiendo en que el Servicio Bolivariano de Inteligencia no puede seguir violando “impunemente” los derechos humanos de los recluidos, a dos meses de iniciadas las protestas de los presos políticos.

Además de lo anterior, se puede agregar que según cifras del Foro Penal venezolano (ONG defensora de los Derechos Humanos), desde el inicio del chavismo, en 1999, se han llevado a cabo 7.210 procesos penales por motivos políticos, los que han terminado en medidas cautelares sustitutivas de la privación de libertad. Cifra a la cual hay que agregar las 1.348 personas que han sufrido cárcel, en condición de “presos políticos.

El mismo Foro Penal también ha confirmado el hecho que las detenciones, en su mayoría, se llevaron a cabo sin orden judicial; durante el procedimiento, los funcionarios de la represión estatal, robaron especies desde los domicilios de los detenidos, y golpearon a los detenidos y sus familiares. Entre las detenciones y procesos ilegales llevados a cabo, se encuentra una decena de menores de edad a quienes se apresó y encarceló por “sedición” e “incitación a la violencia”, por los posteos que realizaron en las redes sociales. A estos jóvenes, cuyas edades fluctúan entre 15 y 17 años, fueron juzgados por tribunales militares. Previo a ello, se les aisló en todo momento, se les prohibió la comunicación con sus padres y abogados; negándoseles el debido proceso y los derechos a ser oídos, a conocer sus expedientes y a una legítima defensa.

Tristes conclusiones

Como corolario y como ejemplo de la catástrofe, se puede mencionar que, en estos momentos, Venezuela, indiscutiblemente, forma parte del grupo de los países con peor desarrollo humano y material del mundo, junto otros que igualmente cuentan con sistemas fallidos y son considerados fail countries por la comunidad internacional, como lo son: Burundi, Chad, Haití, Liberia, Mauritania, Mozambique, Sierra Leona y Yemen. Todos con condiciones de vida más que precarias, en todo el sentido de la palabra.

Lo anterior, lamentablemente, nos lleva a concluir que, de mantenerse el chavismo en el poder y perseverar contumazmente, en sus suicidas y fallidas políticas, los niveles de miseria crecerán, seguirá aumentando la pobreza estructural, continuará la destrucción del país, y se profundizará día a día, el fracaso social, político y económico de Venezuela, destruyendo irremediablemente las instituciones y el tejido social de ese vapuleado, pero aún bello país.